Seguramente los más viejos del lugar han visto la película La vida de Brian, la obra culmen de los Monty Python, que trata de los tiempos convulsos de la época de Jesucristo. En una de las escenas aparecen un número importante de profetas subidos cada uno de ellos en un púlpito, preconizando el fin del mundo y pidiendo a los que escuchan que se arrepientan de sus pecados. La escena es épica, en un mercado, diversos personajes hablando mientras la multitud pasa sin hacerles demasiado caso, cada uno a lo suyo.
Esos tiempos de conflicto, de crisis, bien se podrían trasladar al presente, donde vemos que también tenemos diferentes profetas que están preconizando el fin del mundo, un final para el que todos ellos tienen solución.
Para algunos, el problema es la derecha y sus recortes, para otros el bipartidismo, hay quien ve el fin de España en el referéndum de Cataluña, y todos tienen la solución para todos y cada uno de nuestros problemas, basándose en la regeneración democracia, y la imposición de nuevos valores en la sociedad que la permita avanzar, crear un mundo más feliz.

Pero en el otro lado del espectro político tenemos cienes de candidaturas, entre las que se podrían señalar el tal Partido X, tan secreto que ni ellos mismos saben de qué va, o el más reciente, el que encabeza Pablo Iglesias que lo peta en feisbuc.
Como en los tiempos de Brian y Jesucristo, pueden ocurrir dos cosas; que la mayoría de estos profetas naufraguen en su travesía por el desierto ahogadas por el voto útil del bipartidismo más marcas blancas, o que alguna pudiera surgir como una nueva religión, quizá efímeramente como en su día el partiducho Unidad Alavesa en Álava o el partido gaseosa ERC que sube o baja según las relaciones España-Cataluña, o bien convertirse en una alternativa a nada, como el partido de Beppe Grillo en Italia.
Y aunque la realidad es que necesitamos un cambio de rumbo, algo que cree esperanza en la gente, las restricciones sobre la democracia y sobre el estado del bienestar lo hacen muy difícil.
Como alguien dijo, está todo atado y bien atado.
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