Cuando se introduce una rana en una cazuela con agua hirviendo, ésta sufre, se retuerce, lucha por escaparse, consciente del dolor que le produce el escaldarse. Sin embargo, esa misma rana, si se introduce en la cazuela mientras el agua aún está templada, no luchará por escaparse mientras se calienta el agua, y para cuando quiera darse cuenta de lo que le ocurre, ya será demasiado tarde.
Si un hombre agrede a una mujer por la calle, a una desconocida, ésta luchará, gritará, repelerá la agresión.
En cambio, cuando la violencia de género nos es ajena, no entendemos el por qué se llegan a ciertas situaciones, cómo una mujer es capaz de aguantar tanto como para que "su" maltratador la mate.
Sin embargo, a poco que analicemos lo que pasa, nos encontramos con pistas de lo que ocurre. Entre adolescentes aparecen los primeros síntomas del fenómeno. El maltratador en potencia vigila a través del guasap o del facebook a su novia. Le muestra su malestar al conocer que ha estado conectada al guasap a determinadas horas, y que no estaba hablando con él, que tiene amigos del facebook. Curiosamente para él es normal y motivo de orgullo hablar e incluso cortejar a otras chicas, que no significan nada para él.
Este comportamiento, aceptado y normal, es doblemente discriminatorio y vejatorio. La que es su novia o pareja cede una parte de su libertad a su novio por el amor que éste dice procesarle, y las otras chicas, las que no significan nada para él, son tratadas como meros objetos sexuales.
La mujer maltratada cede su libertad y su vida al maltratador. Éste ofrece una de cal y otra de arena. Ella es únicamente para él. El se fijará en otras mujeres, y se lo restregará a ella, haciéndole ver que puede estar con cualquier otra, e incluso las cortejará, siempre desde un punto de vista únicamente sexual. Le hará ver a ella que esas mujeres, que se visten atractivas, que son hermosas, mucho más que ella, son simplemente un objeto sexual. Él las tratará así, como meros objetos sexuales, pero le impedirá a ella enfermizamente el prepararse, el maquillarse, para evitar que sea atractiva a otros hombres, ya que podría convertirse en un objeto sexual como aquellas mujeres que corteja. Pero ella es especial, a ella la quiere y la posee sin necesidad de ser atractiva, de mostrarse atractiva.
Ella debe dejar de mostrarse atractiva, y dejará a sus amistades, a su familia, por él. Y cuando esté sola, estará totalmente sometida a su maltratador. Ya no tendrá salida, ya está dentro del pozo. Él la maltrata, pero también es él la única persona que tiene. Tampoco puede centrarse en los hijos, hasta de ellos tendrá celos. El sometimiento se va convirtiendo poco a poco en maltrato, primero psicológico. Ella no vale nada, y además se lo demuestra ya que aguanta ese maltrato, y ese maltrato pasa de psíquico a físico.
Es necesario sentarse a hablar con una mujer maltratada, a escuchar su testimonio, un testimonio que en la mayoría de las veces llega en pequeñas dosis, para primero no ser capaces de comprender las humillaciones y vejaciones a las que ha sido sometida, y después para comprender cómo pudo llegar a ese punto, como pudo soportarlo, y lo más importante, por qué lo soportó.
Poeque aparece una tesitura difícil de superar. Si ella decide quedarse en la olla, sabe que el agua cada vez estará más caliente hasta que ese agua acabe con su vida. Y si decide salir, cuanto más tarde en escaparse de la cazuela, más profundas serán las heridas que le quedarán de por vida, y con la amenaza de que en su debilidad el cocinero la atrape y la eche de golpe en el agua hirviendo, de que el maltratador no la deje escapar y la mate en un descuido cualquier día que la vea por la calle. Y es que además, la rana está dentro del agua caliente, incómoda por el calor cada vez más acuciante, pero temerosa del frío que hay fuera de la olla.
Y lo más preocupante, lo que más me llama la atención, es la repetición del modelo, la aceptación social de las primeras fases del maltrato, aquellas que acabarán en un proceso más grave, un proceso que en nuestro país sega más de 100 vidas al año. Y la aceptación de ese modelo por la sociedad, que crea maltratadores y maltratadas en potencia, que aceptan su rol a sabiendas de que es peligroso y que les puede llevar a situaciones muy violentas y peligrosas, tanto para ellos como para ellas.
El maltrato sigue unos roles y una fases muy bien definidas, muy aceptadas y reconocidas socialmente. La violencia de género está reconocida, está estudiada y es necesaria su erradicación desde sus inicios, combatiendo ciertos roles y comportamientos desde la escuela. Es posible prevenirla desde la educación, desde la detección de ciertos comportamientos y actitudes. Pero es necesario reconocer estas actitudes, estos modelos de comportamiento para poder prevenirlos, y eso es lo que al parecer no es posible para nuestros políticos, para los cuales es más espectacular poner una escolta de protección a la mujer que evitar que haya llegado a esa situación.
Y lo que es peor, quien ve mermada su libertad, quien tiene que ser protegida, es la mujer, mientras la ley reconoce los derechos y la presunción de inocencia del maltratador, y evita que tenga que ser vigilado, que sean limitados sus movimientos, que tenga que someterse a un servicio de prevención de su delito.
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Sin embargo, a poco que analicemos lo que pasa, nos encontramos con pistas de lo que ocurre. Entre adolescentes aparecen los primeros síntomas del fenómeno. El maltratador en potencia vigila a través del guasap o del facebook a su novia. Le muestra su malestar al conocer que ha estado conectada al guasap a determinadas horas, y que no estaba hablando con él, que tiene amigos del facebook. Curiosamente para él es normal y motivo de orgullo hablar e incluso cortejar a otras chicas, que no significan nada para él.
Este comportamiento, aceptado y normal, es doblemente discriminatorio y vejatorio. La que es su novia o pareja cede una parte de su libertad a su novio por el amor que éste dice procesarle, y las otras chicas, las que no significan nada para él, son tratadas como meros objetos sexuales.
La mujer maltratada cede su libertad y su vida al maltratador. Éste ofrece una de cal y otra de arena. Ella es únicamente para él. El se fijará en otras mujeres, y se lo restregará a ella, haciéndole ver que puede estar con cualquier otra, e incluso las cortejará, siempre desde un punto de vista únicamente sexual. Le hará ver a ella que esas mujeres, que se visten atractivas, que son hermosas, mucho más que ella, son simplemente un objeto sexual. Él las tratará así, como meros objetos sexuales, pero le impedirá a ella enfermizamente el prepararse, el maquillarse, para evitar que sea atractiva a otros hombres, ya que podría convertirse en un objeto sexual como aquellas mujeres que corteja. Pero ella es especial, a ella la quiere y la posee sin necesidad de ser atractiva, de mostrarse atractiva.
Ella debe dejar de mostrarse atractiva, y dejará a sus amistades, a su familia, por él. Y cuando esté sola, estará totalmente sometida a su maltratador. Ya no tendrá salida, ya está dentro del pozo. Él la maltrata, pero también es él la única persona que tiene. Tampoco puede centrarse en los hijos, hasta de ellos tendrá celos. El sometimiento se va convirtiendo poco a poco en maltrato, primero psicológico. Ella no vale nada, y además se lo demuestra ya que aguanta ese maltrato, y ese maltrato pasa de psíquico a físico.Es necesario sentarse a hablar con una mujer maltratada, a escuchar su testimonio, un testimonio que en la mayoría de las veces llega en pequeñas dosis, para primero no ser capaces de comprender las humillaciones y vejaciones a las que ha sido sometida, y después para comprender cómo pudo llegar a ese punto, como pudo soportarlo, y lo más importante, por qué lo soportó.
Poeque aparece una tesitura difícil de superar. Si ella decide quedarse en la olla, sabe que el agua cada vez estará más caliente hasta que ese agua acabe con su vida. Y si decide salir, cuanto más tarde en escaparse de la cazuela, más profundas serán las heridas que le quedarán de por vida, y con la amenaza de que en su debilidad el cocinero la atrape y la eche de golpe en el agua hirviendo, de que el maltratador no la deje escapar y la mate en un descuido cualquier día que la vea por la calle. Y es que además, la rana está dentro del agua caliente, incómoda por el calor cada vez más acuciante, pero temerosa del frío que hay fuera de la olla.
Y lo más preocupante, lo que más me llama la atención, es la repetición del modelo, la aceptación social de las primeras fases del maltrato, aquellas que acabarán en un proceso más grave, un proceso que en nuestro país sega más de 100 vidas al año. Y la aceptación de ese modelo por la sociedad, que crea maltratadores y maltratadas en potencia, que aceptan su rol a sabiendas de que es peligroso y que les puede llevar a situaciones muy violentas y peligrosas, tanto para ellos como para ellas.
El maltrato sigue unos roles y una fases muy bien definidas, muy aceptadas y reconocidas socialmente. La violencia de género está reconocida, está estudiada y es necesaria su erradicación desde sus inicios, combatiendo ciertos roles y comportamientos desde la escuela. Es posible prevenirla desde la educación, desde la detección de ciertos comportamientos y actitudes. Pero es necesario reconocer estas actitudes, estos modelos de comportamiento para poder prevenirlos, y eso es lo que al parecer no es posible para nuestros políticos, para los cuales es más espectacular poner una escolta de protección a la mujer que evitar que haya llegado a esa situación.
Y lo que es peor, quien ve mermada su libertad, quien tiene que ser protegida, es la mujer, mientras la ley reconoce los derechos y la presunción de inocencia del maltratador, y evita que tenga que ser vigilado, que sean limitados sus movimientos, que tenga que someterse a un servicio de prevención de su delito.
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Falacias alrededor de la violencia doméstica contra las mujeres.
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De escritor a escritor, crítica literaria al libro de José María Aznar
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